Crêperie Bretonne - Annaíck | Información
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La Bretaña ha conocido durante largo tiempo condiciones de vida muy duras y frecuentes hambrunas. La rudeza de las condiciones de vida, la lejanía y el aislamiento han conformado durante siglos el carácter de un pueblo que aún hoy sigue siendo célebre por su tenacidad, su profundo vínculo con sus raíces, sus características tradiciones culturales, lingüísticas, pero también culinarias. Una celebridad ilustrada por otro lado por un guerrero galo bajito y con bigote, conocido en todo el mundo por hacer frente al invasor romano.

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Marineros por naturaleza, los bretones se han diseminado siempre por todo el mundo. En busca de una vida mejor, o simplemente en busca de aventuras, se llevan consigo sus costumbres, sus tradiciones… pero también su cocina, y es así como empezaron a “exportarse” las primeras tortas bretonas. Parecía lógico, teniendo en cuenta la geografía de las costas, que los bretones llegaran tarde o temprano a España, y entre otros lugares algunos de ellos se instalaron en Galicia a lo largo de los siglos, contribuyendo así a la propagación de sus tradiciones celtas en esta región.

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A principios del siglo XVI, la Duquesa Ana popularizó el consumo de una planta originaria de Oriente Medio e introducida en Francia por los Cruzados: el alforfón, también conocido como trigo sarraceno o negro. La harina obtenida de esta planta servirá para la elaboración de tortas, que se convertirán rápidamente en la base de la alimentación popular bretona.

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Hoy, como fieles herederos de esta larga tradición de emigración, los socios de Annaick Noblet se han instalado en España, un país próximo no solo geográficamente, sino también en la medida en que las diferentes identidades culturales y lingüísticas que en él se expresan recuerdan a cualquier bretón el profundo vínculo que le ata a su propia tierra.