Nuestra historia

 

En 1959, mi abuela, Annaick Noblet, una mujer moderna y apasionada por la comida macrobiótica, llegó desde Bretaña a Saint-Tropez sola. Era invierno. Atrás había dejado el trabajo en la charcutería que tenía con mi abuelo. Lo decidió una noche de tormenta: “o me divorcio o monto una crepería lejos de aquí”.

En esa época no existían creperías en la costa mediterránea. Annaick alquiló un viejo garaje de barcos y allí,
con sus planchas redondas, empezó a hacer las primeras galettes bretonas.

Fue un éxito inmediato. En aquella época Saint-Tropez hervía de fascinación con las estrellas del cine mundial
que por allí pasaban o, como Brigitte Bardot, vivían allí.

Siguiendo la estela de mi abuela, mis padres montaron creperías en la Cataluña norte, y yo abrí la primera mía
en 1982 en Perpignan y más tarde en Collioure.

Con mis socios actuales hemos saltado los Pirineos para continuar el camino trazado por mi abuela y ya
se pueden encontrar en varias ciudades de la geografía española.

Distinguirás nuestras creperías porque, además de su peculiar estética, en todas ellas la cocina es, o está, en un autobús, cosa que empezamos ha hacer mucho antes que la moda de los FoodTrucks. Parece que en esto también fuimos pioneros.

Olivier

TIERRA DE TRADICIONES

La Bretaña

La Bretaña ha conocido durante largo tiempo condiciones de vida muy duras y frecuentes hambrunas. La rudeza de las condiciones de vida, la lejanía y el aislamiento han conformado durante siglos el carácter de un pueblo que aún hoy sigue siendo célebre por su tenacidad, su profundo vínculo con sus raíces, sus características tradiciones culturales, lingüísticas, pero también culinarias. Una celebridad ilustrada por otro lado por un guerrero galo bajito y con bigote, conocido en todo el mundo por hacer frente al invasor romano.

Los Marineros

Marineros por naturaleza, los bretones se han diseminado siempre por todo el mundo. En busca de una vida mejor, o simplemente en busca de aventuras, se llevan consigo sus costumbres, sus tradiciones… pero también su cocina, y es así como empezaron a “exportarse” las primeras tortas bretonas. Parecía lógico, teniendo en cuenta la geografía de las costas, que los bretones llegaran tarde o temprano a España, y entre otros lugares algunos de ellos se instalaron en Galicia a lo largo de los siglos, contribuyendo así a la propagación de sus tradiciones celtas en esta región.

Alimentación
popular bretona

A principios del siglo XVI, la Duquesa Ana popularizó el consumo de una planta originaria de Oriente Medio e introducida en Francia por los Cruzados: el alforfón, también conocido como trigo sarraceno o negro. La harina obtenida de esta planta servirá para la elaboración de tortas, que se convertirán rápidamente en la base de la alimentación popular bretona.

Los
Vínculos

Hoy, como fieles herederos de esta larga tradición de emigración, los socios de Annaick Noblet se han instalado en España, un país próximo no solo geográficamente, sino también en la medida en que las diferentes identidades culturales y lingüísticas que en él se expresan recuerdan a cualquier bretón el profundo vínculo que le ata a su propia tierra.